Santiago.
Siempre sueño ser alguien quien
no soy, alguien quien no puedo ser o
alguien quien dejé de ser; la vida suele ser dura y más para un muchacho de 20
años con trastornos y desordenes mentales que solo pasan por su cabeza, un
periodo de desestabilidad que solo conocemos nosotros, los tipos raros, y
que solo afrontamos los que más fuerte pensamos, o eso es lo que CREO.
Mi nombre es Santiago, suelo ser
problemático, algo patético y lo suficientemente buena gente para pretender ser
lo que quieren las demás personas que sea, obviamente cuando lo quieren; mi
mejor amigo se llama Eduardo, no creo tener aún una mejor amiga, voy en el
quinto ciclo de la carrera de administración de servicios y mi vida apesta como
la de aproximadamente el 99% de la población terrestre.
La vida no es mía.
Cuando cierro los ojos, solo te
puedo ver a ti; cuando mi mirada se pierde, solo quiero encontrarte a ti;
cuando mis oídos se cierran a todo ruido exterior, solo quiero escucharte a ti;
tu voz, tus ojos, tu presencia, tu forma de actuar, la forma en la que me
callas cuando no tengo la razón, o cuando mis ojos están a punto de llorar;
cuando evades cualquier pregunta incómoda que quiero hacer y cuando la presión
hace que me odies mas y mas por no querer responder lo obvio; un NO, solo es un
NO, un NO sin sentido, sin razón de ser, sin tu voluntad; tengo la esperanza de
que en algún momento me digas que SI; esa esperanza que todos tenemos, que
todos esperamos, que todos anhelamos con todas las fuerzas que nos rodean y nos
son propias; si algo me han enseñado los 20 años de vida que poseo es que no
debo de confiar en nadie, aún lo tengo presente desde que tengo uso de razón;
desde que mi mente no sucumbe a la sin razón de las palabras de origen desconocido;
desde que me MENTISTE.

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